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Qüestionari Finestres
Laura Fernández responde al Cuestionario Finestres
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28.04.2022
  1. ¿En qué momento de tu vida has sido más feliz?

He sido muy feliz en pequeños momentos que a veces se extendían en el tiempo, pero que siempre han tenido en común el estar dentro de algún tipo ficción en la que me sentía un personaje capaz de encajar como un guante. Por ejemplo, cuando llevaba a mi hijo Arturo a la piscina, y él tenía cinco años, íbamos en un coche viejo que a veces se quedaba tirado, y cantábamos canciones de los Kinks, y se hacía de noche y a veces llovía y no estábamos en realidad en ningún lugar, porque lo que había alrededor no importaba, sólo que estábamos juntos. O la primera vez que caminé por Nueva York, sola, sin dinero, pero sintiéndome en el centro del centro del mundo. O en cualquier calle de cualquier ciudad desconocida observando sin que me observen.

2. ¿Cuál es tu mayor temor?

Que no exista nada después de esto. Debería existir algo, ¿no? Deberíamos volver a empezar, o repetirnos eternamente. Yo, confieso, vivo como si pudiera morirme en cualquier momento, y a la vez, diciéndome que si tengo que repetir todo esto infinitamente, esto tiene que gustarme, y por eso intento no hacer nada que no me guste, ¡quién sabe!

3. ¿Cuál es tu primer recuerdo?

Es un recuerdo de hospital. Recuerdo un barco pirata de Playmobil en una estantería. Deduzco que se lo habían regalado a mi compañero de habitación, que debía ser un niño mayor que yo, porque ya podía jugar con esa clase de cosas. Yo tenía un año y medio y había estado a punto de morirme pero no me había muerto.

4. ¿A qué persona (viva) admiras más y por qué?

No es una única persona, creo. Admiro, por ejemplo, a Robert Coover porque, la primera vez que le vi, me seguía pareciendo un niño pequeño, en el mejor de los sentidos. Estaba acodado a una mesa de una cafetería, con al menos 500 páginas ante él, releyendo y retocando, y a la vez, consultando un montón de otros libros que tenía sobre la mesa, aún en pleno OTRO MUNDO narrativo propio. Debía tener por entonces ya ochenta años, y la cafetería era la cafetería en la que solía quedar con su mujer cuando aún no era su mujer (la horchatería de la calle Aribau con Diputació). Admiro a todo aquel que sigue muy en contacto con el niño o la niña que fue en su momento y que quizá nunca ha dejado de ser porque creo que debemos ser muy conscientes del milagro que supone cada día que pasamos en el mundo.

5. ¿Cuál es el rasgo que menos te gusta de ti mismo?

Hablo muchísimo y soy muy expansiva. Y también desordenada. Soy de un desordenado que asusta. Puedo pasar horas en casa buscando las gafas y no veo sin ellas y jamás sé dónde he podido dejarlas. Por suerte, vivo con alguien que me conoce bien y al instante las encuentra. También odio el hecho de que creo que siempre tengo la razón y a veces, no la tengo.

6. ¿Cuál es el rasgo que menos suele gustarte de los demás?

La falta de empatía. No la soporto. Y la envidia. Es horrorosa.

7. ¿Dónde te gustaría vivir?

En una casa enorme y vieja, con jardín, a lo mejor en mitad de la montaña. Y, por qué no, pasar una temporada en Iowa City, o un lugar parecido.

8. ¿En qué época histórica te gustaría haber vivido?

Supongo que hubiera estado bien haber vivido en Estados Unidos en la época en la que explotó el posmodernismo literario, porque lo que hago podría no haber tardado tanto tiempo en entenderse. O quizá hubiera sido horrible porque no se habría entendido para nada, o más bien, no se habría juzgado importante porque, después de todo, en aquella época, las mujeres aún no importábamos en ese sentido. Así que me quedo con el mundo de hoy.

9. ¿Qué te deprime?

Me deprime el cinismo, y, otra vez, la envidia, y cualquiera que no se dé cuenta de que es un milagro cada día que sigue vivo y que debe, por encima de todo, disfrutarlo.

10. Haznos una pequeña lista de tus libros o autores favoritos.

Pregúntale al polvo, de John Fante. La fiesta de Gerald, de Robert Coover. Galápagos, de Kurt Vonnegut. Los vivos y los muertos, de Joy Williams. Retratos de Will, de An Beattie. Lancha rápida, de Renata Adler. Por qué haría yo, de Mary Jo Robison. Skyppy muere, de Paul Murray. Oreo, de Fran Ross. Caída y auge de Reginald Perrin, de David Nobbs. Amo a Dick, de Chris Kraus. Misery, de Stephen King. Microsiervos, de Douglas Coupland. Música para corazones incendiados, de A.M. Homes. El balnerario de Battlecreek, de T.C. Boyle. Los seis libros de Mi lucha, de Karl Ove Knausgard. Sheila Levine ha muerto y vive en Nueva York, de Gail Parent. La cámara verde, de Martine Desjardines. El devorador de calabazas, de Penelope Mortimer. Iras celestiales, de Douglas Adams. Dimensión de milagros, de Robert Sheckley. Dios mío, podría seguir para siempre. Stella Gibbons, La hija de Robert Poste, ¡Noticia bomba! de Evelyn Waugh, Las torres de Trebisonda, de Rose Macaulay. Los subterráneos, de Jack Kerouac. Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez. El día de la independencia, de Richard Ford. Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. ¡Y muchos, muchos muchos más!

11. Haznos una pequeña lista de tus libros o autores más odiados.

La verdad es que no odio a ningún autor porque no leo lo que no me gusta, así que no llego a odiar nada. Me aburre, en general, todo aquello que se toma demasiado en serio a sí mismo —por ejemplo, los últimos libros de Franzen son de un aburrido que asusta— y todo aquel que imposta. No soporto la impostura. Uno no va de escritor, o lo es, y lo sufre, o lo disfruta, o no lo es.

12. ¿Cómo ordenas tu biblioteca?

Alfabéticamente, aunque cada cierto tiempo, cambio, y la ordeno a veces por libros que se llevan bien entre ellos. Por ejemplo, pongo juntos a Bret Easton Ellis y a Douglas Coupland, y a A. M. Homes y a John Cheever con Raymond Carver, y no sé, desordeno para ordenar de otra manera.

13. ¿Si pudieses ser un personaje de ficción, quién serías?

Arturo Bandini, claramente. De hecho, cuando leí a John Fante me dije: 'Ahí estabas desde el principio, tía'.

14. ¿Tienes unos zapatos favoritos?

Las Doc Martens, supongo. Y las Converse en verano. De hecho, no llevo otra cosa.

15. ¿Cuál es tu olor favorito?

El de la gasolina.

16. ¿Y tu comida?

Los huevos fritos con patatas que me hacía mi abuela.

17. ¿Y tu bebida?

Un buen vino, o un buen vermut.

18. ¿Cómo te defines políticamente?

De izquierdas, y antiautoritaria en todos los sentidos. Y terrícola por encima de todo, a favor de todo lo que más nos una.

19. ¿Qué es lo que menos te gusta de tu aspecto?

Mi tendencia a crecer a lo ancho.

20. ¿Cuál es tu placer culpable?

Un placer no es NUNCA culpable, así que no sé, pero pongamos que ver series pluscuamperfectas que nadie ve porque se supone que nadie las está viendo porque no son buenas cuando en realidad lo son mucho, como por ejemplo Parenthood. También adoro leer libros ridículamente mal traducidos porque me río muchísimo con ellos.

21. ¿Qué les debes a tus padres?

La rabia, y el sentir que soy capaz de cualquier cosa. Mi padre solía decirme, cada vez que le soltaba un: “Es que nunca voy a poder hacer tal o cual cosa”. “Pero ¿qué dices? ¿Verdad que esa otra niña o niño que lo hace tiene dos brazos y dos piernas? ¿Y no tienes tú dos brazos y dos piernas? ¡Pues claro que puedes!”. Todo parecía sencillo, y, en realidad, lo era.

22. ¿A quien invitarías a tu fiesta ideal?

A gente que hubiera crecido en los 90 sabiendo lo que fueron los 90. Amigas, amigos con los que poder hasta montar una minibanda para la ocasión, o leer en voz alta novelas de Stephen King.

23. ¿Qué palabras o muletillas usas más a menudo?

Según mi hijo Arturo, utilizo mucho la palabra “INHUMANO” y también, y de esta soy consciente, “CARACOL” como apelativo cariñoso. También últimamente abuso de “QUÉ BARBARIDAD”, y hay una cosa que hago y que es muy divertida que es hablar todo el tiempo conmigo misma en plural.

24. Cuéntanos el momento más vergonzoso de tu vida.

Tiende a no importarme lo que los demás piensan de mí, así que acabo convirtiendo cualquier situación vergonzosa en prácticamente un 'happening', pero, por ejemplo, cuando estuve hace poco en la Universidad George Mason de Washington D.C. y tuve que leer uno de mis cuentos en voz alta EN INGLÉS ante un pequeño auditorio y sentí que cada palabra era como una montaña que no iba, DE NINGUNA MANERA, a poder escalar, es un buen ejemplo de situación vergonzosa que terminó en algo de lo que me reiré para siempre. Tener hijos que siempre dicen la verdad también es complicado cuando criticas sin darte cuenta a algún padre y te encuentras luego a ese padre en el tren dispuesto a preguntarte por qué te parecía que vivía en una especie de fumadero de crack.

25. Si pudieses cambiar tu pasado, ¿qué cambiarías?

Uhm. Supongo que si pudiese elegir, me hubiera gustado nacer en el Medio Oeste, en una casa con jardín trasero, y perro, y una habitación con el suelo de madera, de esa que cruje porque es vieja cuando la pisas, y tener una máquina de escribir desde niña y que a mis padres no les importase que escribiese todo el día (como lo hacía: ¡Creían que me volvería loca! ¡Les parecía que ya lo estaba por no querer salir a la calle y quedarme todo el día leyendo!). Sí, básicamente TODO. Y, en realidad, nada, porque ¿quién habría sido entonces?

26. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste, y por qué?

Últimamente lloro constantemente. Hay un montón de cosas que me emocionan. Hoy mismo, mientras veía las noticias, pensaba en lo bestia que está siendo la separación en la frontera de Ucrania de las familias. Todos esos niños de la mano de sus madres que no entienden por qué su padre tiene que volver a un sitio donde hay bombas. Y a la vez, y sin querer, el otro día también me emocioné muchísimo en una gala internacional de magia a la que fui, al final de la gala, cuando los magos —todos tan distintos y a la vez tan iguales— salieron a saludar y me dije que el ser humano también es eso, algo que sólo quiere que los demás lo pasen bien, que sigan siendo niños, pensé que el mundo, a ratos, no los merece, y a la vez, que no sería nada sin ellos.

27. ¿Cómo te relajas?

Leyendo, y escuchando música tremendamente triste, como la de Bonnie Prince Billy.

28. ¿Has estado alguna vez a punto de morir?

Sí. De niña tuve un problema en el corazón y los médicos se dieron cuenta tan tarde que mi madre pasó una noche en el hospital tocándome las uñas (las uñitas: tenía un año y medio) para ver si estaba viva o muerta. Siempre he pensado que todo el tiempo que vivo es tiempo de descuento. Y quizá por eso lo veo todo desde fuera, y lo encuentro absurdo y divertido y maravilloso.

29. ¿Matarías?

A lo mejor querría, pero creo que no podría.

30. ¿Qué consideras tu mayor logro?

No haberme rendido nunca en un mundo que no dejaba de decirme que lo que hacía no tenía demasiado sentido o era, simplemente, “gracioso”, o “raro”, o qué sé yo. Y, por supuesto, mis dos hijos. Son dos seres humanos, ¡y los he hecho yo! Es fascinante pensar que has hecho un ser humano. Con todas las posibilidades que contiene. Es el acto de creación más salvajemente incontrolable que existe.

31. ¿Qué te hace dormir mal?

Tomar una decisión incorrecta. Siempre que tomo una decisión incorrecta me doy cuenta porque la noche siguiente, no pego ojo, y al día siguiente lo que hago es llamar a quien sea a quien le haya dicho que si, o que no, y decirle lo contrario. Y dejo de dormir mal.

32. ¿Qué canción o canciones te gustaría que sonaran en tu funeral?

We'll Meet Again en la versión de Johnny Cash.

33. ¿Dónde te gustaría estar ahora mismo?

En Nueva York.

34. ¿Cuál es tu posesión más preciada?

Un cuadro de Pablo Gallo que compré en un momento complicado de mi vida y que, de alguna forma, cauterizó una herida. El cuadro se llama Ver arder. Estoy segura de que es lo más valioso que tengo, en todos los sentidos.

35. ¿Cómo te gustaría ser recordado?

Como alguien que intentó pasarlo en grande, que intentó que los demás lo pasaran en grande también. Como Roger Rabbit.

LA AUTORA

Laura Fernández (1981) es autora de seis novelas: Bienvenidos a Welcome (Elipsis, 2008), Wendolin Kramer (Seix Barral, 2011), La Chica Zombie (Seix Barral, 2013), El Show de Grossman (Aristas Martínez, 2013), Connerland (Literatura Random House, 2017) y La señora Potter no es exactamente Santa Claus (Literatura Random House, 2021), galardonada con el premio El Ojo Crítico de Narrativa 2021 y ganadora del Premio Finestres de Narrativa 2021. También es periodista y crítica literaria y musical. Tiene dos hijos y un montón de libros de Philip K. Dick.