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Cuestionario Finestres
Cuestionario Finestres: Andreu Escrivà
por
Finestres
26.03.2026

¿En qué momento de tu vida has sido más feliz?

¡Uf! No sé si es buen síntoma tenerlo tan estudiado y acotado, pero más allá de momentos puntuales de felicidad (que por supuesto también tengo ahora) o del recurso fácil a la infancia —en mi caso, maravillosa y también, hay que decirlo, envuelta en cierto privilegio—, fui muy feliz entre abril de 2009 y julio de 2010, cuando empezaba mi tesis doctoral y todo era nuevo, hice algunos viajes fantásticos, viví en Japón y me encontraba inmerso en aquella etapa tan bonita de conocer a personas nuevas e interesantes cuando ya eres adulto.

¿Cuál es tu mayor miedo?

La muerte, desde que tengo uso de razón.

¿Y tu mayor esperanza?

Seguir tropezando con personas que hagan que la vida, aun siendo un camino corto y lleno de dolor, merezca la pena.

¿Cuál es tu primer recuerdo?

Esconderme en un tubo de cemento de colores de la escuela infantil. Tenía un año y algo.

¿A qué persona (viva) admiras más y por qué?

Admiro muchísimo a la gente que es capaz de hacer reír a los demás, porque como dice Buenafuente, reír es la única salida. Y a mí, que soy de naturaleza pesimista, reír me parece un regalo y un salvavidas.

¿En qué momento histórico te habría gustado vivir?

En el París ilustrado de la segunda mitad del siglo XVIII, para que me invitaran a una cena en casa del Barón d’Holbach.

Enumera tres de tus libros o autores preferidos.

Hago un pequeño disclaimer: para mí un libro “preferido” no es aquel que me gustó o impactó mucho en un momento determinado, sino un libro al que he vuelto en distintas ocasiones y sé que volveré a revisitar en el futuro.

The Journal of a Disappointed Man, de W.N.P. Barbellion
Campos de Níjar, de Juan Goytisolo
La Fôret de Fontainebleau, de George Sand

¿Cómo ordenas tu biblioteca?

El resumen sería: vivo en un tsundoku permanente. Mi casa es el resultado de juntar dos casas que ya tenían muchos libros. En el comedor tenemos la estantería principal, donde hay cierto orden. Hay estantes para “novedades”, libros comprados hace poco, tanto de ficción como de no ficción. Otros estantes son para el subgénero de la ciencia ficción, para libros sobre Japón (guías, poesía, narrativa, ensayo…), para senderismo y montaña y también para poesía. Además, hay tres o cuatro editoriales de las que tenemos muchos libros y las hemos puesto juntas por una cuestión estética. Hemos tenido que encargar también una estantería solo para libros sobre vinos (y algo de gastronomía) y una para libros de gran formato sobre arte. No entro en el despacho de mi pareja, que es su intimidad, pero en el mío tengo fundamentalmente libros de divulgación científica y ambiental, de literatura, de economía, sociología y también un buen puñado de cómics. En la mesilla de noche tengo una pila de unos cincuenta volúmenes de los que estoy leyendo simultáneamente la mitad, pero eso ya es otra historia.

Si pudieras ser un personaje de ficción, ¿quién serías?

Me habría gustado estar en el lugar del comandante Norton para explorar Rama en la novela de Arthur C. Clarke, pero sin haber sido el propio Norton, un personaje simple y misógino que, por desgracia, refleja muchas de las carencias y sesgos del género de la ciencia ficción del siglo XX. Si tuviera que ponerme en la piel de alguien sin cambiarlo, probablemente escogería a Goro Inokahira, el gourmet solitario que crearon Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi en un cómic que es una auténtica delicia.

Si pudieras haber escrito un libro que adoras, ¿cuál sería?

Exhalación, de Ted Chiang. Si pudiera pedir el regalo del talento para escribir muy bien, realmente bien, pero a cambio solo pudiera escribir un tipo de libro, escogería sin duda historias cortas de ciencia ficción.

¿Cómo te defines políticamente?

De izquierdas de las de verdad, no de aquellas que ahora, después del movimiento sísmico de la ventana de Overton que se ha producido en los últimos años, parecen izquierda sin serlo. Además, como ecologista y defensor del derecho de autodeterminación de los pueblos.

¿Cuál es tu placer culpable?

Las películas con violencia gratuita, apocalípticas o de zombis, siempre que tengan un guion que merezca la pena y no dé vergüenza ajena.

¿Qué le debes a tu familia?

Todo.

¿A quién invitarías a tu fiesta ideal?

A toda aquella gente con la que realmente me lo paso bien, a quienes echo de menos por la falta de tiempo del día a día, a quien es capaz de disfrutar sin juzgar.

¿Hay alguna anécdota que cuentes a menudo?

Demasiadas. Suelo repetir mucho cómo aprendí determinadas palabras. Por ejemplo, “alternativa” la aprendí con Terminator 2.

Si pudieras cambiar algo de tu pasado, ¿qué cambiarías?

Hay días en los que pienso que lo cambiaría todo, y hay días en los que pienso que no cambiaría nada, porque me gusta estar donde estoy y ser quien soy.

¿Cuándo fue la última vez que lloraste, y por qué?

Viendo una película, El maestro que prometió el mar.

¿Cómo te relajas?

Con buena música —depende del momento, puede ser desde jazz o clásica hasta electrónica o rock progresivo— y una copa de vino.

¿Has estado alguna vez a punto de morir?

Todos los días estoy —estamos— a solo un puñado de latidos de morir.

¿Matarías?

Me gustaría decir que no. Estoy convencido de que no. Pero sé que no puedo decir que no.

¿Cuál consideras que es tu mayor éxito?

Ser buena persona, o al menos intentarlo cada día con un cierto y muy modesto éxito.

¿Qué te hace dormir mal?

Soy un animal nocturno y lo que me cuesta es dormirme, porque después —excepto algunos días, como hoy— tengo un sueño reparador si no suena el despertador. Me cuesta más despertarme que dormir y desde pequeño he necesitado dormir mucho; como mínimo, 9 horas.

¿Qué canción te gustaría que sonara en tu funeral?

Cuando tenía ocho o nueve años quería que sonara Yesterday, de los Beatles. Ahora diría This Day Tomorrow, de los Kinks.

¿Cuál es tu viaje más memorable?

El que hice solo a Japón, en un descanso de una semana mientras hacía la tesis doctoral. Me cambió la vida.

¿Cuál es tu posesión más preciada?

Una navaja de mi abuelo materno.

¿Cómo te gustaría que te recordaran?

Cuando alguien no tiene hijos, ni tampoco sobrinos, pensar en el legado que dejarás adquiere un tono un poco más oscuro y dramático. No creo que mucha gente me recuerde después de morir; prefiero que me recuerden mientras aún vivo, para compartir y celebrar esta vida absurda que es, sin embargo, un regalo.

¿Qué has hecho hoy?

Levantarme, esperar un Euromed con retraso (¡qué sorpresa!) y cambiarme de sitio en el vagón para poder rellenar este cuestionario tan profundo y particular.