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Cuestionario Finestres
CUESTIONARIO FINESTRES: GIUSEPPE CAPUTO
por
Finestres
28.02.2026

¿En qué momento de tu vida has sido más feliz? 

Yo diría que, dejando a un lado mi adolescencia —incisivamente perturbadora—, ha habido siempre una alegría sostenida.

¿Cuál es tu mayor temor? 

Mi primera pulsión es decir que temo a este tipo de cuestionarios —me provocan una ansiedad totalmente desproporcionada: la necesidad de responder con ocurrencias o mordacidad—, pero en este presente histórico, hay que saber afinar: temo al ascendente fascismo, a que las potencias del mundo sigan dejando sola a Palestina —que sigan permitiendo el genocidio de un pueblo que lleva años sufriendo demasiado: hoy más que nunca—, a las deportaciones ilegales que el Gobierno de Trump está realizando a las megacárceles de Bukele en El Salvador. Me da mucho miedo la censura y la exclusión social de las disidencias sexuales. Que prosiga la tortura y el asesinato de las personas trans —ese continuo que hay entre el discurso de odio y sus muertes—. Que los migrantes del mundo no reciban el abrazo acogedor de la tierra a la que llegan.  Me dio pánico el saludo nazi que ya fue realizado en el Capitolio de los Estados Unidos y me aterroriza una posible repetición masiva de ese saludo. Me da miedo que los pueblos y las personas no sepamos trascender las heridas históricas y sociales. Que vuelva a ganar la ultraderecha en Colombia. Que cierren ministerios como el de Cultura y Educación. Y temo desaprovechar espacios como éste: no saberlos usar para hablar de lo que hay que hablar. Me da miedo que, en tiempos de imperante autopromoción y mercadeo, frivolicemos la literatura. Que olvidemos, en fin, una ética del oficio.

¿Y tu mayor esperanza?

Saber que ya hemos vivido, con todo el cuerpo, el cambio profundo de un tiempo. Que un tiempo destructivo, persecutorio, puede quedar atrás. Saber que toda esa alegría se puede repetir.

¿Cuál es tu primer recuerdo? 

Mecido en un columpio, luego de huir de mi propia fiesta de cumpleaños. Este no es un recuerdo-pantalla.

¿A qué persona (viva) admiras más y por qué? 

Admiro profundamente a la periodista peruana Laura Arroyo: desde El Tablero nos ofrece, una y otra vez, lecciones del saber decir —síganla en Instagram: @lauraarroyog—. Y admiro a la escritora colombiana Laura Restrepo. Porque ama escribir. Por lo profundamente politizada. Porque dijo, por ejemplo, por allá en el 2009, cuando lanzaba su libro “Demasiados héroes”, la siguiente oración inolvidable: “Álvaro Uribe Vélez se cree Superman, pero el paramilitarismo es su criptonita”. Porque hizo ahorita en la FILBo una apología hermosa del migrante a partir de “La Eneida”. Y porque ante cada micrófono que le han ofrecido ha sabido hablar de Gaza —porque ella se ha pronunciado, una y otra vez, sobre el genocidio del pueblo palestino en la franja de Gaza provocado por el criminal de guerra Benjamín Netanyahu—.

¿En qué época histórica te gustaría haber vivido? 

En ninguna otra. Nací en 1982. Soy un marica que ha tenido la alegría de vivir, con todo el cuerpo, el cambio profundo de un tiempo.

Haznos una pequeña lista de tus libros o autores favoritos. 

Voy a aprovechar esta pregunta para evitar la dispersión que provocan las listas y nombrar a una sola autora: María Sonia Cristoff. Total admiración por su escritura, pensamiento y sensibilidad. Recomiendo hoy, ahora, bajo este ímpetu, su novela “Derroche”: un libro extraordinario, inagotable, escrito con absoluta generosidad —en la maestría del oficio, en la apertura del pensamiento—. Lo leí, primero, como una búsqueda del tesoro con reflexiones sobre el origen del dinero —sobre la explotación y la precarización laboral—. El libro incluye fragmentos e inesperadas reelaboraciones de otros libros que denuncian la explotación y el daño terrible que provocan los proyectos tanáticos, al tiempo que busca muy explícitamente no ser una prosa lastimera, y al tiempo que incluye “flashes” sobre los finales terribles provocados por la explotación. Muchos de esos “flashes” son, en sí mismos, la escritura de una politización: la escritura del momento en que un trabajador “conecta los puntos” y entiende cómo las políticas de muerte se han inscrito en su aparato psíquico y en su cuerpo. Hay, asimismo, una mirada genial a lo yoico: a la autoépica, a las ganas de sentirse deseado o admirado, a los despliegues de superioridad de clase, a la identidad que se vuelve mercadeable... Indaga en las formas como el neoliberalismo se inscribe en el yo. También resalto que la búsqueda del mencionado tesoro pone en el centro a un jardín, no como paraíso, sino como territorio fundacional. En ese sentido, al tiempo que varios personajes leen utopías y se inspiran en ellas, el libro propone el devenir errante como faro estético y político —el devenir errante es la propia poética de este libro que enfervoriza—. “Para mí”, se lee al final, “solo las lecturas que se hagan carne en el andar, que se hagan canción”. La obra de Cristoff es una de esas lecturas.

¿Cómo ordenas tu biblioteca? 

La desordeno.

Si pudieses ser un personaje de ficción, ¿cuál serías? 

El novio de Frankenstein.

Si pudieras haber escrito un libro que adoras, ¿cuál sería?

Hoy voy a decir que Háblame de amores de Pedro Lemebel: por la escritura sexual que va tiñendo su conmovida observación política.

¿Cómo te defines políticamente? 

Marica izquierdoso, como me dijo una vez un facho que me amaba.

¿Cuál es tu placer culpable?

No me da culpa el placer.

¿Qué les debes a tus padres? 

Me ha parecido entender que no me endeudaron.

¿A quién invitarías a tu fiesta ideal? 

A mis amigues, por supuesto. Y a ese tipo que me está gustando mucho.

¿Hay alguna anécdota que cuentes a menudo?

Me divierte contar que mi perra, una vez más, robó comida en el paseo.

Si pudieras cambiar algo de tu pasado, ¿qué cambiarías?

La deuda de estudiante.

¿Cuándo fue la última vez que lloraste, y por qué? 

Hace poco. Después de un encuentro inesperadamente amable que se fue extendiendo días. Al despedirme de esa suavidad.

¿Cómo te relajas? 

En la hamaca. Con un porro. Y en los paseos con la perra.

¿Has estado alguna vez a punto de morir? 

Afortunadamente no. Amo vivir y amo la vida.

¿Matarías? 

No. Aunque entiendo que resulta más interesante decir que sí, o que no sé, o que no creo.

¿Qué consideras tu mayor logro?

Haber acercado el deseo a la vida. 

¿Y qué te quita el sueño?

Mi jodido insomnio.

¿Qué canción o canciones te gustaría que sonaran en tu funeral? 

Pura música para planchar.

¿Cuál es tu posesión más preciada? 

El colchón.

¿Cómo te gustaría ser recordado? 

No quisiera condicionar el posible recuerdo.

¿Qué has hecho hoy? 

Lo de casi todos los días: tratar de apagar el despertador mientras la perra me lame y se me sienta encima; buscar las gafas entre las sábanas; besar de vuelta a la perra; darle su comida; decirle que después come más; salir al paseo; seguir paseando; volver a la casa y sentarme acá, al frente del computador, con la perrita al lado.