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Entrevistas
Entrevista a Tareq Asrawi 
por
Finestres
04.11.2026

¿Cómo se articula la infancia en un territorio ocupado? Más allá de esto, ¿son capaces los niños de forjar una infancia plena en tiempos de guerra? 

Asimismo, se entiende que la ocupación no son solo militares armados y controles de paso; es también el arraigo diario del terror en la conciencia colectiva. Los niños son el segmento de la sociedad más vulnerable a quedar marcado por la presencia directa de la ocupación y por aquello que presencian cada día: redadas, asesinatos, saqueos y hambre. 

La infancia palestina ha soportado un temor constante, generación tras generación, durante setenta y ocho años. Como resultado, ha ideado sus propias herramientas para sobrevivir al peso de la ocupación y a sus objetivos. Ha hecho de la vida cotidiana una necesidad de la que no puede prescindir, y ha amansado la presencia de la ocupación hasta el punto de que los soldados se han convertido en parte de los juegos infantiles. Poco a poco, los niños han superado al Estado ocupante, y el instinto se ha impuesto a la ingeniería social. 

¿Cómo se enfrentan, a través del juego y la broma, las dinámicas de un conflicto tan real y sanguinario? ¿De qué manera lo hacen Ziyad y Tamim? 

A través de la observación diaria, y mediante la experiencia heredada y transmitida en la narrativa oral palestina desde los inicios de la ocupación, los niños aprendieron que los soldados que patrullan por los barrios para imponer su control sobre las ciudades les son extraños. Quedó claro que estos soldados tienen miedo, a pesar de su poder sobre la población civil. Aprovechándose de esto, los niños comenzaron a idear trampas de juego que hacían caer a los soldados en la confusión y hacían reír a los niños de su perplejidad, como si sometieran a la propia ocupación a la mirada de la burla. 

Las bromas de los niños a los soldados se extendieron. Un ejemplo es colocar una radio rota en medio de la carretera, frente a los vehículos militares. El trabajo de los soldados se detiene en seco, ya que temen que el objeto pueda ser sospechoso. Eso implica llamar a la unidad de desactivación de explosivos y desplegar ampliamente a los soldados, hasta que se demuestra que el objeto no es más que una radio o una plancha. 

El palestino entendió que es su deber encarecer el coste de la ocupación, de modo que su presencia resulte costosa para el propio ocupante, sin que el palestino tenga que asumir costo alguno. Así pues, ideó herramientas primitivas que mantienen la presencia de los soldados en las calles en un estado de confusión e inseguridad, y por lo tanto, de alto coste. 

Todo el pueblo hace un pacto de silencio y solidaridad para proteger a Ibtihal. ¿Cómo se teje la comunidad en tiempos de guerra y de qué manera se contrapone esto a la figura y a los actos de don Útil? 

Se formó un contrato social entre la gente, un contrato que se podría llamar la «alianza de los débiles». Se convirtió en una ley social en virtud de la cual cualquier mujer se convierte en madre de cualquier niño que vea en peligro, sin serlo realmente. 

Aun así, hubo personas que se vincularon a trabajar con la ocupación y se convirtieron en parte de su aparato, amparándose detrás de su presencia. Esto no es una contradicción, sino un espejo de la realidad: no todo el mundo era un resistente, ni todo el mundo era un colaborador. La mayoría se mantuvo unida contra la ocupación, mientras que una pequeña minoría se desvió y colaboró con ella. 

Cuando Tamim escala el ciprés para plantar la bandera palestina, podemos decodificar rápidamente el gesto de rebeldía del niño contra el ejército de ocupación. ¿Qué simboliza el ciprés en la cultura palestina y qué significado tiene para los personajes? 

Sí, Tamim era el modelo de chico rebelde que rompió la barrera del miedo. Estaba acostumbrado a subirse a un árbol de su barrio, algo que los soldados eran incapaces de hacer. Y durante todos los años de la ocupación, izar la bandera o incluso tener una podía llevar a la gente a la cárcel por largos períodos. 

Tamim entendió que poner la bandera en un lugar donde a los soldados les costara retirarla los enfurecería, y sabía que sus intentos de quitarla parecerían cómicos. Y eso es exactamente lo que pasó en la novela. 

El ciprés es un árbol con una presencia destacada en el simbolismo palestino. Es de hoja perenne y se mantiene erguido, lo que significa altivez y la negativa a doblegarse. Además, es hijo de la tierra y no una especie importada, es decir, forma parte de la identidad botánica del lugar. 

Cuando los padres descubren que sus hijos pretendían hacer explotar el ayuntamiento con un cóctel molotov, los escarmientan con castigos físicos. A pesar de que la historia se sitúa entre 1987 y 1990, ¿qué verosimilitud tiene este episodio con la paternidad palestina de aquella época? 

Durante el período de la Intifada de las piedras, entre 1987 y 1990, los jóvenes fueron la identidad de aquella insurrección, su combustible y su fuerza motriz más destacada. La verdad es que esta era se escribió primero por las manos de los jóvenes. Sus acciones chocaron con la brutalidad y el poder de los soldados, y la ecuación se convirtió en niños lanzando piedras contra soldados, fusiles y vehículos militares. Esto mantenía a los padres en un estado constante de precaución y miedo por sus hijos. 

En la novela, sin embargo, los padres no se mostraron duros con los niños por haber lanzado una botella incendiaria contra el ayuntamiento (el vehículo del alcalde que colabora con la ocupación). La novela revela la verdadera razón de esta severidad, la cual está relacionada con lo que Ibtihal dijo a sus padres. 

En tu obra aparece el capitán Asad, o la figura del fedayín (resistencia palestina). ¿Qué significado esconde esta palabra en árabe que se pierde en la traducción? 

El capitán Asad y el fedayee se encuentran en polos opuestos en la novela. El capitán Asad es un oficial del servicio de inteligencia de la ocupación que representa la autoridad, la vigilancia y la persecución, y que actúa mediante la información, la intimidación y la detención. El fedayee, por el contrario, es el joven resistente palestino a quien la ocupación caza e intenta detener, y representa el desafío a esa autoridad y la ruptura de la barrera del miedo. Entre ambas figuras hay una relación de cazador y presa, pero no se trata de un mero ejercicio de poder: a pesar de ser perseguido, el fedayee goza de la protección y la simpatía del pueblo, mientras que el oficial sigue siendo un extraño para el lugar y sus habitantes. 

Por lo que respecta a la palabra «fedayee», deriva de fida' (redención, autosacrificio), que significa la entrega de uno mismo, del propio confort y de la propia libertad por el bien de los demás. En la conciencia colectiva palestina, tiene un significado moral y emocional que va más allá del acto militar: el fedayee no es un simple combatiente, sino alguien que se ofrece a sí mismo como precio para proteger a su familia y su tierra. Este significado se pierde en la traducción al castellano, ya que palabras como luchador, guerrillero o militante describen la acción y el arma, pero no transmiten la idea de sacrificio voluntario ni el prestigio simbólico que el fedayee tiene en la memoria colectiva, donde se le considera un héroe y protector más que un fuera de la ley. Según el contexto de uso, los términos traducidos a menudo llevan connotaciones negativas vinculadas a la violencia o al terrorismo, lo que distorsiona el significado que la palabra tiene en el original. 

¿Cómo se puede llevar a cabo una resistencia contra la ocupación de Israel, como lo hacen los protagonistas, desde la «cotidianidad»? 

La resistencia toma forma en "el día a día" cuando el simple hecho de vivir se convierte en un acto de confrontación. La ocupación de Palestina es una ocupación colonial de poblamiento y de reemplazo. No tiene suficiente con controlar la tierra; busca sustituir a sus propietarios por colonos que llegan de muchos países diferentes y, con este objetivo, diseña una identidad y un relato que vinculan su presencia al lugar. Por el camino, la descripción misma del conflicto se distorsiona y se presenta como un conflicto "judeopalestino", cuando en realidad es "israelopalestino": la identidad religiosa no es la identidad nacional, la religión no está vinculada a ninguna geografía en concreto y los palestinos no pertenecen a una sola religión, ya que incluyen a cristianos, samaritanos y musulmanes. 

A partir de esta comprensión, los palestinos pasaron a reconocer que el primer acto de resistencia es permanecer en la tierra y no marcharse de ella. La Nakba de 1948 les enseñó que la marcha puede no ir seguida del retorno: alrededor de 750.000 palestinos fueron expulsados de sus casas, pueblos y ciudades, y hoy en día todavía viven en campos establecidos en muchos países. Por este motivo, aferrarse al hogar, al barrio y a la tierra se convirtió en una postura política, incluso cuando quien se aferra no levanta ni un arma ni una piedra. 

La resistencia cotidiana también se extiende a proteger la identidad cultural del expolio continuado llevado a cabo por las instituciones de la ocupación. Preservar los platos palestinos se ha convertido en resistencia, cuidar los olivos de la tierra es resistencia, y salvaguardar las canciones populares y el folclore es resistencia. Esto es lo que vemos en la novela: los juegos de los niños y las bromas a los soldados, la solidaridad de la comunidad para proteger a sus niños, y Tamim subiéndose al ciprés para izar la bandera son todos actos que brotan de los detalles de la vida cotidiana y no de los campos de batalla, pero que aumentan el coste de la ocupación y preservan la presencia de los legítimos pobladores de la tierra. 

l-La?b ma? Al-Jonud
Tariq Asrawi
12.5 €